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Cuando llegan días grises y lluviosos como los que estamos viviendo esta ultima semana (gracias al menos por la lluvia) tengo cierta tendencia a dejarme llevar y a dejar que mi mente vague con cierta libertad por cuantos campos desee visitar. Esta mañana llegaba pronto a la explanada que utilizamos de aparcamiento y me quedaba unos minutos sentado en el interior de mi coche. Hemos rebasado ya con creces los dos años de servicio y nuestras dificultades crecen en lugar de disminuir. El aparcamiento de tierra esta visiblemente saturado y corremos el riesgo de verlo desaparecer, continuamos con unas frecuencias muy poco ajustadas a la realidad de una gran mayoría usuarios, continuamos sin Consorcio ni mejora en la combinación con otros transportes, seguimos con servicios claramente saturados y con un sistema de billetes y reservas obsoleto y lamentable. Y todo sigue igual, nada pasa, nada sucede, nadie se despeina.
Por otro lado vemos como por el resto de España se continúa inaugurando más y más líneas de AVE y AVANT, que para muchos sin lugar a dudas son una mejora en sus vidas, o al menos eso deberían ser. Pero desgraciadamente desde Segovia, Calatayud, Zaragoza vemos como poco a poco se elevan voces contando más o menos lo mismo que lo que nosotros llevamos chillando desde noviembre de 2005. No hemos avanzado nada, y lo pero de todo, no hemos aprendido nada. Alguien dijo una vez que nuestro país no se merecía los regentes que teníamos, y desgraciadamente el tiempo nos dice que es así. Con unos y con otros en el tema del transporte ferroviario la cuestión no nos has ido demasiado bien. Por que una vez más desde esta tribuna no estamos hablando de colores políticos, con todos nos a lucido el pelo bien poco. Y si a nivel nacional nuestro balance es malo, a nivel más regional o local las cosas no nos han ido mejor. Una JCCM desaparecida en combate, un edil que dio mucho ruido pero pocas nueces y un actual regente que ni ruido ni nueces ni cáscaras siquiera. Pero es lo que tienen los días de lluvia para mi. Son una curiosa combinación entre frescura, sosiego y desconsuelo. No pasa nada como bien sabemos y como no nada pasa es absurdo preocuparse por ello. La ciudad y mi vida siguen su ritmo cadencioso en dirección incierta y una vez más doy un paso y después otro. Un saludo bajo el paraguas. |